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Los otavalos mantienen muchas de sus tradiciones ancestrales, entre ellas la confección artesanal de tejidos. Los otavalos de la ciudad han creado empresas y subsisten del comercio textil. Se hallan localizados sobre todo en la región de Imbabura, y viven a una altitud de unos 2.500 a 3.500 mts. Esto es la razón principal por la que siempre se les encuentra envueltos en sus características ropas de lana.
Cultivan maíz, frijoles, patatas, pimientos... en sus parcelas y huertos. Estas propiedades suelen ser muy pequeñas, ya que, por tradición, la tierra heredada es dividida equitativamente entre todos los hijos. Sólo en las laderas altas, fuera de la ciudad, subsisten de sus propias cosechas de cebada, trigo y quinoa.
En las ciudades, muchas familias crían cerdos y aves, que llevan al mercado los sábados; otros trabajan como peones o en la ganadería, pero la forma tradicional de elevar los ingresos familiares en la confección de tejidos, de los cuales son grandes fabricantes y vendedores, a la vez que han logrado adaptar sus habilidades tradicionales a la economía moderna, extendiendo cada vez más su comercio. Las familias que no se trasladan a las ciudades para trabajar en la industria textil, hacen en casa cestos, sombreros, esterillas, cuerdas, etc. Los otavalos comerciantes han realizado grandes avances económicos a partir de los años cincuenta, labrándose un lugar en el mercado internacional.
Salvo las comunidades de la ciudad de Otavalo, las casas no poseen electricidad ni agua, la cual se trae de los arroyos y se almacena en pozos compartidos por varias familias. Las viviendas son de adobe, con tejados empinados, y aberturas en las paredes para que salga el humo. Contienen poco mobiliario y un armazón de madera con esterillas de junco para dormir.
En estas zonas, no tan privilegiadas como la ciudad, toda la familia se ocupa de las actividades relacionadas con el tejido. Los niños se encargan de las tareas más fáciles (como devanar los carretes de hilo), los hombres se ocupan de instalar los telares, y de las tareas de lavado y teñido, mientras que las mujeres, tras las labores domésticas, retiran con los niños las hierbas mezcladas con la lana, y se dedican al hilado y cardado. Todo ello, para tener listas las prendas para el momento culminante de la semana: el sábado, el día en que todos los otavalos del país se concentran en la ciudad, en autobús o a pie, para vender y comprar, reunirse con los amigos y beber guarapo.
Todos los años, en la Fiesta de los Corazas, se revive durante tres días, la cultura incaica, en un elaborado espectáculo. Asimismo, en verano, tiene lugar el acontecimiento social del año, la fiesta de San Juan, que coincide con el Intiraimi (fiesta inca del solsticio de verano), y se desarrolla a lo largo de dos semanas en las cuales cesa toda actividad.
Este pueblo excepcional conserva su lengua, su forma de vestir tradicional y otras muchas costumbres. A pesar de adaptarse a los tiempos, ha logrado conservar su identidad india, y por ello se les conoce como los indios aristócratas.
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